“El mejor modo de aprender es haciendo” Entrevista a Juan Leyrado

La obra teatral, que cuenta con dirección de Javier Daulte y reúne el mismo elenco de Baraka, se basa en una historia real: un grupo de mineros ingleses toma un curso con el objetivo de iniciarse en las teorías de la apreciación artística, sin imaginar las consecuencias.

La obra del británico Lee Hall (guionista del film Billy Elliot) acaba de subir a escena en el Teatro Metropolitan (Corrientes 1343), bajo la dirección de Javier Daulte, también autor de la versión del texto original, entrenado en Broadway el año pasado. La puesta del director reúne al mismo elenco de la exitosa Baraka: Juan Leyrado, Hugo Arana, Darío Grandinetti y Jorge Marrale, esta vez acompañados por Milagros Almeida, Patricia Echegoyen y Juan Grandinetti. Mineros. El arte puede ser para todos se basa en una historia real: un grupo de mineros de la ciudad inglesa de Ashington toma un curso con el objetivo de iniciarse en las teorías de la apreciación artística, sin imaginar que terminarían convertidos en artistas plásticos reconocidos. El hecho sucedió en la década del ’30, cuando un grupo de mineros decidió, por intermedio de la Asociación para la Educación de los Trabajadores, tomar un curso sobre arte. “Queremos ver una pintura y saber qué significa”, demandan a su profesor los personajes de la obra.

Leyrado tiene, en relación con el tema principal de la pieza, una experiencia personal. Durante algunos años formó parte de los talleres de pintura de Juan Doffo: “Yo no sabía pintar –cuenta en la entrevista con Página/12– y, cuando empecé, quedé fascinado no solamente con el hecho mismo de pintar sino también de lo que conseguía hacer. Pero cuando empecé a tener alguna idea de la técnica, de la teoría, yo sentí que algo de mi esencia se había cortado”. De este modo, Leyrado pone de relieve la diferencia entre el placer que la expresión artística puede deparar a todos, sin diferencias, y el rigor que demanda el aprendizaje de la técnica o el trabajo intelectual que supone la elaboración de una propuesta plástica. La contradicción aparece, como ocurre en la obra, cuando galerías y marchands ponen su atención en la obra de aquellos que sólo buscan expresarse e intentan negociar con ellos.

–¿Cuál es el punto de arranque de esta obra que sostiene que el arte puede ser para todos?

–La obra se basa en un hecho real ocurrido en los años ’30: el sindicato de mineros alentaba a los trabajadores a tomar diversos cursos. Harry, mi personaje –un ex minero marxista– quiere, en realidad, tomar un curso de economía, pero no se encuentran profesores. En cambio, reciben a Lyon (Marrale), un profesor que viene de Londres, con gran preparación.

–¿Por qué los alumnos no aceptan su propuesta?

–La verdad es que ellos mismos no saben bien qué es lo que quieren. Entonces el profesor propone a sus alumnos que la mejor manera de aprender es haciendo, ingresar al mundo de la pintura, pintando. Yo, personalmente, tengo la misma posición.

–¿El arte es, efectivamente, para todos?

–Sí, todos deberíamos tener la posibilidad de expresarnos, tendría que ser un derecho innegable. Pero esto siempre ha sido impedido por una sociedad que no da lugar a todos para expresarse. Es cierto que el lugar podría hacérselo cada uno, pero es difícil superar lo que ya está instituido: el artista sale de la academia.

–¿En todas las artes pasa lo mismo?

–El mundo de la pintura es diferente al de la música: hay muchos músicos nuestros que han sido de extracción popular. En cambio, la pintura que ocupa los grandes salones sale de las academias. Las clases trabajadoras no tienen contacto con ese mundo, porque no existe una tradición cultural que le haga comprender que todos pueden expresarse en la pintura.

–¿Hay contradicción entre libertad y técnica?

–No creo que para expresarse haya que saber pintar: el resultado, en todo caso, lo completa el que mira la obra. Pero el mercado es otra cosa diferente a la expresión. Los críticos son los que dicen si una obra es buena o mala para ser vendida. En la obra, también los personajes entran en contacto con el mundo snob de las galerías. Ellos crean a partir de sí mismos, de su propia esencia, sin prejuicios.

–¿Cómo es Harry, su personaje?

–Es un hombre que se ampara en el discurso político, repite, recita la teoría. Es la práctica artística lo que permite que él pueda humanizar sus ideas y salir de ese encierro dogmático.

–¿Qué observaciones le merecen los otros personajes?

–La obra es un cuento que integra música, proyecciones, una gran escenografía. No pone de relieve el planteo de cada personaje –el del profesor (Marrale), el sindicalista (Arana) o el mío, el marxista–, sino que cuenta la conmovedora historia de unos mineros que salen a la superficie no solamente manchados de carbón sino también de pintura.

–Son personajes diferentes a los de Baraka…

–Sí porque en Baraka eran amigos que, a pesar de que se traicionan, elegían estar juntos. Estos mineros son una familia: individuos que no se eligen, que se cuidan mutuamente para sobrevivir.

* Mineros. El arte puede ser para todos Teatro Metropolitan (Corrientes 1343) miércoles, jueves y domingos a las 21, viernes a las 21.30 y sábados a las 20.15 y 22.45.

Fuente:  Página 12

Entradas en venta de Mineros en Plateanet.

Arana, Grandinetti, Leyrado y Marrale serán “Mineros”

El cuartero de la aclamada “Baraka” ahora estrena una pieza del inglés Lee Hall basada en una historia real. La dirección corre por cuenta de Javier Daulte y el estreno está previsto para el 17 de enero en el Metropolitan I.

Hugo AranaDarío GrandinettiJuan Leyrado Jorge Marrale, los cuatro protagonistas de la exitosísima Baraka, protagonizarán ahora el estreno en Argentina de Mineros (The Pitmen Painters), del autor inglés Lee Hall, nuevamente con Javier Daulte como director y con producción de Pablo Kompel.

El estreno está previsto para el martes 17 de enero en el Teatro Metropolitan I, Avenida Corrientes 1343; y el elenco se completa con Patricia EchegoyenJuan Grandinetti y Milagros Almeida. Las funciones serán miércoles, jueves y domingos a las 21; viernes a las 21.30 y sábados a las 20.15 y 22.45.

Del autor de la emotiva Billy ElliotMineros es la historia real de un grupo de mineros ingleses que – decididos a cambiar su destino – descubren una nueva pasión por el arte y sorprenden al mundo entero.

Un grupo de mineros contratan a un profesor para que les de clases de apreciación de arte. Pero pronto los mineros abandonan la teoría y comienzan a pintar prolíficamente.

En poco tiempo, este grupo se convierte en la sensación del mundo de la plástica, siendo cortejados por galeristas, museos y coleccionistas. Pero la vida en las minas continúa y la solidaridad del grupo es puesta a prueba cuando el momento de tomar una decisión crítica llega.

Mineros es una celebración al poder de la expresión individual y al espíritu de grupo. Es un viaje inolvidable desde las profundidades de las minas hasta el vértigo de la fama. Y por sobre todo, es  una obra extremadamente emotiva y fascinante a la vez que divertida, que examina la vida de un grupo de hombres supuestamente comunes que logran resultados extraordinarios.

Las entradas, desde $ 120, podrán adquirirse en las boleterías del Teatro o por sistema Plateanet.

Fuente: ANDigital

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REESTRENA “CODIGO DE FAMILIA”

Desde el 3 de noviembre, y por cuatro semanas, se repone en el Teatro Metropolitan esta obra dirigida por Eva Halac, cuya recaudación será a beneficio del Programa Solidario Pepe Biondi – Terapia de la Risa. Tomás Fonzi, Carlos Santamaría, Raúl Rizzo, Alejandra Darín yGabo Correa son los protagonistas.

Código de familia es la primera comedia negra sobre la justicia argentina que se hace en nuestro país. Escrita por el ex juez Daniel Llermanos, narra un hecho real ocurrido en la Buenos Aires de 1982, bajo el marco de la guerra de Malvinas, y en una Argentina sin ley de divorcio vincular. Lo recaudado será a total beneficio del Programa Solidario Pepe Biondi – Terapia de la Risa

• Teatro Metropolitan. Av. Corrientes 1341
• Funciones: jueves y domingos, 21hs. Viernes y sábados 22hs.
• Localidades desde $90. En venta en el teatro o a través de www.plateanet.com

La historia

Un joven abogado recibe a su primer cliente, Amado Mubarak, que pretende recuperar a su esposa que lo abandonó por un comisario de Ciudad Evita. Amado quiere que se cumpla la ley de matrimonio y que Stella, su mujer, a quien ama profundamente, vuelva con él. Una tarea casi imposible para resolverse en los tribunales.
La obra desnuda las complicidades entre el Poder Judicial y la policía en tiempos de la peor dictadura del país. Esta es una pieza teatral sobre el final de la guerra, el final de la dictadura, el final de un amor y el final de un hombre. En tono de comedia, Código de Familia hace enfrentar -como decía Arthur Miller, cuando hablaba del teatro-, con la humanidad misma.
Fuente: DiarioShow.com
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Menú muy jugoso

“Caracachumba a la carta” Se notan los veinte años de oficio de este grupo. Un show con humor, complicidad y disfrute.

Murgas, candombes y ritmos rioplatenses en clave de humor. Esta es la propuesta de Caracachumba, referente histórico de la música infantil, que ahora presenta nuevas versiones de sus grandes hits. Con casi veinte años cantándole a los más chicos, el grupo encaró el desafío de captar nuevo público sin descuidar a sus pequeños fans. Y entre los recursos, apelaron a un lenguaje visual muy atractivo. Con objetos, escenografías móviles y personajes animados, el show Caracachumba a la carta sorprende, divierte y emociona.

Caracachumba

La energía puesta en crear situaciones graciosas en torno a cada canción, o proponer una estética ligada a lo artístico refuerza la solidez del grupo de músicos compuesto por Silvio Cattaneo, Javier Estrin, Pablo Moral, Marina Sauber y Florencia Steinhardt, productora y directora general.

La frutilla del postre es la participación de Violeta Naón (“adquisición del año pasado”), una clown que convierte los espacios de transición entre tema y tema en situaciones desopilantes. Los chicos aplauden las intervenciones de Pupé -nariz de payaso, zapatos de taco y vestido azul-, por transgresoras y políticamente incorrectas.

Es que sus travesuras interrumpen la escena y hasta le modifican las letras a las canciones, potenciando la veta humorística del grupo. Hacerse pis encima, mostrar la bombacha o copiarse en la escuela son las pequeñas complicidades que los chicos festejan a lo loco.

Con buenos reflejos, toma comentarios de la platea y genera un ida y vuelta espontáneo y dinámico. Se muestra en camisón, se ofrece a ser el blanco de las pelotas que le tiran en la canción La playa y se disfraza de mozo para convertirse en la asistente de Picadita, uno de los grandes aciertos.

Este trabalenguas que disfrutan padres y abuelos recrea un grupo de hinchas en un bar. “Puso a Saporiti, puso Pasarella, puso Zapata, puso Pastorutti. ¿Trajo a Traverso?, ¿Trajo a Trobbiani?, ¿Trajo a Trócoli?”. A tono con la fiebre mundialista, Messi también es de la partida en Picadita , donde el cupo masculino de Caracachumba se divierte Lo mejor del último disco, Revuelta de tuerca , más los imperdibles de los anteriores, Faltaba más, Me Río de la Plata y Chumban los parches integran el menú de este espectáculo original, cálido y sencillo. Porque no hay pantallas gigantes ni efectos especiales. En cambio, los ritmos como salsa, chamamé, milonga y bolero atrapan por la exquisita propuesta musical. Y por la atinada solución visual que Azul Borenstein encontró para “vestir” cada tema.

Una mariposa gigante y luminosa que acaricia a la platea, peces multicolores que danzan al ritmo de La playa y los estrafalarios vestidos de las vecinas que cuentan sus chismes en Teresa, Chiche y Copete .

Sazonando, añadiendo, guisando pizca de recuerdos y esencia de ayer / en bandeja traemos servida / toda la alegría de volverte a ver , cantan en un tema que resume el espíritu de este grupo.

Caracachumba convierte cada canción en un juego sin descuidar el nivel musical. Porque además de la puesta en escena tocan en vivo batería, flauta, tambores, bajo, piano y guitarra. La mesa está servida, el menú es sabroso. Y se saborea en el Teatro Metropolitan.

Ver nota: Clarín – 10 de Julio de 2010

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Francella – Alcón: Azúcar, pimienta y sal

Extraña pareja, en una comedia de Neil Simon. La apuesta, con dirección de Daniel Veronese, es una fórmula interesante. El sábado estrenan “Los reyes de la risa”. Aquí, la crónica de un cruce inesperado.

Reyes de la Risa

Alcón esta resfriado y Francella se le acerca como se le acercaba la gente a la Negra Sosa: mirada tierna, mano acariciadora y un montoncito de palabras de afecto.

Alcón es de esos mimosos que se dejan. ¿Un tecito, Alfredo? Un tecito.

¿Agua? Agua (natural, por favor). Se está terminando la sexta semana de ensayos y nos reciben, permisooo, en la casa chorizo/estudio/teatro de Daniel Veronese.

“Más o menos ensayamos unas cuatro horas por día”, nos dice el director. En el borrador que nos alcanzan leemos que Los reyes de la risa es una obra que trata de un exitoso dúo de vaudeville que trabajó durante 30 años pero, fuera de escena, se odiaba tanto que ni siquiera se dirigía la palabra. ¿No hay una película de Alex de la Iglesia que habla de eso? “¿Cuál?”, para la oreja Alcón.

Muertos de risa“, le dice Francella.

Cuando Veronese termine de tragar comentará que sí, que se acuerda pero nada que ver. “Eso era un grotesco y esta, en cambio, es una pieza más blanca”.

>>>>> En el ensayo, hay un momento en que los personajes de Alcón y Francella se miran a los ojos. Es un reencuentro después de mucho tiempo.

La cosa viene más o menos por acá: uno dice que puede servirse galletitas y le señala un plato. ¿De que gusto tenés? De todos los gustos: hay de chocolate, de limón, de sémola, de coco, de miel. ¿Y de agua? No, de agua no tengo. Entonces no tenés de todos los gustos.

“Es este tipo de humor”, prueba Francella. “Un humor medio naturalista”. Naturalista es una palabra que le gusta a don Alfredo, que asiente con esos ojos humedos o inundados. El tecito Alfredo. “Ah, muchas gracias”.

>>>>> Presionados por semejantes presencias, y sin ánimo de ser originales, les decimos lo que se nos viene a la cabeza: daría la impresión de que se trata de una extraña pareja, ¿no es cierto? Francella: Jé.

Alcón: Algo de eso hay.

Perdón, hay que aclarar que Peto Menahem completa el elenco pero en este momento se está yendo, “mucho gusto”, ¿merde se dice? La promoción parece que sólo se hace con las figuras. Pero antes de agarrar el pasillito, Peto, un tipo de buen apetito, se mete en la boca otro sanguchito de miga y unas facturitas de hojaldre que están buenísimas.

>>>>> “Creo que la obra surge como surgen las ganas de querer hacer algo -cuenta Alfredo Alcón- . Ves a un actor haciendo de una situación normal o cotidiana algo que casi me animaría a decir poético, y ahí me vinieron una ganas enormes de conocerlo y trabajar con él” .

¿Estamos hablando del Francella de El secreto de sus ojos? “Nooo, esto es de hace años, de la tele”.

Francella: “Le gustaba mucho Casados con hijos“. Alcón: “Claro, claro, entonces le dije a (Pablo) Kompel y a (Adrián) Suar, los productores, y bueno, acá estamos”.

Qué piropo, Guillermo: vamos a poner que Alcón quería trabajar con vos.

A mí me lo exteriorizó un periodista.

¿De verdad?, dije yo, y creo que después lo busqué, estábamos en una fiesta, y pegamos la mejor onda.

Comimos un par de veces, pero nunca se me cruzó hacer algo con él. Tengo una anécdota que para mí es muy significativa. Yo lo consumía mucho a Alfredo. De adolescente, cuando empezaba a estudiar teatro, en casa me apoyaban aunque me decían: buscate algo para comer, y de hecho, me había buscado un laburo paralelo. Mientras tanto, yo seguía concentrado en mi vocación y mis padres, cuando por ejemplo me llamaban a comer, con un tono humorístico me decían: está la comida Alcón. Imaginate… Alfredo ya era todo un emblema para mí.

¿Está bueno ser Alfredo Alcón? Depende. Si ser Alcón es que vos te crees que sos un pilar de la humanidad, sos un pelotudo. Si ser Alcón es que te gusta tu trabajo y a la gente le gusta lo que hacés y sabés recibir el afecto de los compañeros, sí, sí que me gusta ser Alcón.

Alguna vez, hablando con Norma Aleandro, ella me decía que mucha gente debía creer que era de mármol.

Yo he trabajado haciendo comedias.

El gran regreso con (Nicolás) Cabré y me sentía exactamente igual. Yo tenía los mismos miedos e inseguridades que Nicolás. Si hay distancias, son las que consciente o inconcientemente pone uno. Nosotros no nos conocíamos mucho. Ni con Gullermo, ni con Peto ni con Veronese, y estamos como si…

Francella: ¿Cómo adquiriendo mucha cotidianeidad? Hagamos al revés. En estas semanas de trabajo, Alfredo, ¿que aprendiste de Guillermo? Guillermo es un tipo que está preocupado por su laburo y lo vive con una concentración total. Viene a trabajar. No sabe nada, no sabe que sabe, y eso es lo bueno. Yo me equivoco la letra y él está muy metido en situación. Aprendo de la naturalidad con la que él se ocupa del otro, sin ninguna bandera de nobleza ni generosidad, sino realmente siento que está pendiente de su alrededor, que no está metido en su cáscara, cosa que es muy normal… Normal, ¿qué es normal? Quiero decir que a Guillermo todo le sale sin esfuerzos ni subrayados.

>>>>> Apuntes del ensayo.

¿Cómo estás de salud? Uh, fantástico.

¿Y por qué usás bastón entonces? Porque me gusta tener algo entre las manos.

>>>>>> Unos años atrás, antes de Rudo y Cursi, la película que filmó con Carlos Cuarón, y antes del boom de Campanella, Francella decía que los productores no lo consideraban: “Yo deseaba otros contenidos”.

Otros contenidos puede implicar otra clase de colegas. ¿Antes del éxito que implicó El secreto… se hubiera animado a trabajar con Alcón? “El tema de la seguridad individual no pasaba por ahí. Esas dudas no las tenía. A mí no me convocaban para esas cosas, y de pronto, de a poco, fui torciendo el timón y empecé a hacer cosas donde corría un riesgo.

Hice comedia musical ¡y en la vida de Dios yo había bailado o cantado como sucedió en la comedia con Enrique Pinti! Lo peor que le puede pasar a un autor es escribir para mí.

Quiero que escriban una comedia, y yo después la llevo a mi cuerpo. No quiero más preconceptos”.

Luego de seis semanas, Alcón ya es ese tipo que se anima a la puntillosidad y es capaz de discutir la frase que lee y dice qué loca es la vida”.

¿Te parece que la vida es loca o queda mejor Qué loco es todo. Francella lo mira con esos ojos que cada tanto le pide prestados a Marty Feldman y antes de intervenir, todo modosito -¿viste como es él que siempre se mueve con ese respeto que a veces puede confundirse con timidez o inseguridad?- y, por lo bajo, como si fuera entre paréntesis, dice sí, Alfredo, si a a vos te parece.

Así de minuciosos, así de sutiles están. Alcón: “Las palabras a veces tapan un sonido o una respiración que puede valer más que la fuerza que supone gritar un te amo“. Y Guillermo: “Sabía muy bien que iba a trabajar con alguien muy disciplinado y ordenado que vive con absoluta devoción cualquier cosa que hace. Alfredo necesita incorporar elementos de por qué hay que decir cada frase. Por más que tenga que decir qué frio hace, necesita un por qué: la explicación le tiene que llegar a las entrañas”.

¿Apareció primero la idea de trabajar juntos y después la obra? Francella: Un poco sí.

Alcón: Primero surgió el deseo y lo único que hacía falta era encontrar un texto acorde… Perdon, ¿querés comer galletitas? Hay de chocolate, de limón, de sémola, de coco, de miel…

Ver nota: Clarín – 11 de Julio de 2010

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Los reyes de la risa (Alfredo Alcón y Guillermo Fracella) en el Metropolitan

El acontecimiento teatral más extraordinario de los últimos tiempos sucederá esta temporada en Buenos Aires: Alfredo Alcón y Guillermo Fracella, los dos actores más aclamados y celebrados de nuestro país, se encontrarán juntos y por primera vez en un escenario para protagonizar la conmovedora comedia dramática.

Los reyes de la risa (“The Sunshine Boys”) del genial autor Neil Simon, en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino y dirigidos por Daniel Veronese. Peto Menahem completa el elenco.- Funciones en el Metropolitan.

Datos:

Autor: Neil Simon
Versión: Fernando Masllorens y Federico González del Pino.
Productor Ejecutivo: Jonathan Goransky
Director de Producción: Ariel Stolier
Productores Generales: Pablo Kompel y Adrián Suar.

Ver nota: CScomunicarte – 18 de Junio de 2010

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La caída de los hombres oscuros

Arthur Miller por dos en la Avenida Corrientes “Todos eran mis hijos” y “El descenso del Monte Morgan” permiten observar dos obras bien distintas del gran dramaturgo de la posguerra. El análisis del fenómeno.

Arthur Miller

En el antojadizo mundo de las denominaciones, Buenos Aires alberga un “ Palermo Hollywood ”. Así, en el vasto espectro teatral porteño podríamos decir que la ciudad tiene, en este momento, una “ cuadra Arthur Miller ”. En plena avenida Corrientes, al 1300, frente a frente, dos obras del dramaturgo norteamericano enriquecen el panorama de la cartelera porteña: Todos eran mis hijos (Apolo) y El descenso del Monte Morgan (Metropolitan). Por el azar y/o la causalidad, estas piezas, cada una a su manera, no hacen sino recordar al ávido espectador, la vigencia de uno de los grandes autores teatrales del siglo XX.

Todos eran mis hijos es una de las primeras obras de Miller, estrenada por primera vez en Nueva York en 1947 con dirección de Elia Kazan. Fue llevada al cine dos veces, en 1948 y en 1987. Aquí, la protagonizan Lito Cruz, Ana María Picchio, Esteban Meloni y Vanesa González, entre otros, y la dirige Claudio Tolcachir. En la vereda opuesta está El descenso del Monte Morgan , que fue escrita en 1991, en la última etapa de su vida y, en la Argentina, es la primera vez que sube a escena, en este caso, con Oscar Martínez, Carola Reyna y Eleonora Wexler, encabezando un elenco que dirige Daniel Veronese.

¿Cuál es el secreto de la vigencia de este autor, ahora multiplicado en la escena porteña? “Es indiscutible la calidad y la vigencia de su obra. Es un deleite para directores y para actores. Es un hacedor político, un creador de herramientas para pensar de otro modo al hombre como ser social, pero desde el escenario. Su obra presenta una claridad a veces difícil de encontrar en textos con semejante profundidad. Por algo fue elegido en una encuesta como el mejor dramaturgo del siglo XX”, explica Veronese.

Por su parte, Claudio Tolcachir apunta: “Todo Miller está atravesado por una ideología de la responsabilidad. Esa es su doctrina: cómo los actos personales que cada individuo realiza modifican al resto de la sociedad. Uno es siempre uno y su entorno, y Miller cuestiona todo el tiempo los hechos que se realizan en nombre de la defensa de la familia, la religión o el país. Se pregunta siempre cuál es el limite”.

En Todos eran mis hijos , Joe Keller es un rico comerciante, padre de familia, casado con Kate, que vive aferrada a la esperanza de volver a ver a Larry, uno de sus hijos, piloto de avión, desaparecido en acción durante la Segunda Guerra. Su otro hijo, Chris, es el heredero natural del negocio de su padre. Pero la vida de los Keller se verá afectada con la llegada de Anne y George, dos hermanos que guardan un secreto que les cambiará la vida a todos. La responsabilidad civil de cada individuo, en este caso, es uno de los ejes de la obra. Miller fue desde sus inicios, un gran inquisidor de la naturaleza humana y un punzante crítico del llamado “sueño americano”.

Casi 50 años después, y desde otro ángulo. cuando escribe El descenso…

, se hace evidente cómo el cinismo ha ganado terreno. En esta obra, el protagonista es Lyman, un agente de seguros, bígamo. Pero la bigamia es apenas la excusa para profundizar en las relaciones humanas, en los lazos sentimentales que este hombre trazó con sus dos esposas, Theodora y Leah (con cada una tiene un hijo). Pero de esa historia particular salta, una vez más, a lo universal, cuestionando ciertos valores de la cultura occidental y judeocristiana, que permiten a los espectadores de cualquier lugar del mundo, sentirse identificados, por momentos, con sus criaturas por más enmascaradas que parezcan.

“Como en todos los clásicos del teatro se repiten en sus obras tres valores preciosos: solvencia constructiva, una idea libre de cualquier simplificación moral de época y alguna metáfora poderosa, siempre, que le da entidad mítica a su esencia”, dice Mauricio Kartun, dramaturgo argentino, explicando el fenómeno.“Sus ideas son siempre de una apertura extrema y sus personajes más queribles, antihéroes lejos de cualquier maniqueísmo, con lo que nunca pierden vigencia. Además, en lo mítico es donde esté probablemente su fuerza mayor: figuras poéticas poderosísimas que tocan siempre en algún núcleo occidental sensible. La caza de brujas en Las Brujas de Salem , que se vuelve con los años la gran metáfora sobre la persecución política, por ejemplo”, explicar el autor quien conoció a Miller personalmente en una visita que el norteamericano hizo a Buenos Aires en 1993.

“En una charla, contó cómo cada una de sus obras se alimentó siempre del mecanismo de la paradoja. Tal vez la del tipo que paga la última cuota de su casa el día de su entierro (como en su clásico La muerte de un viajante ), sea la más poderosa y la más corrosiva del sistema de vida americano que ha dado el teatro. Creo que esta nueva del hombre de dos familias que desarrolla en El descenso del Monte Morgan nos habla de su perseverancia con aquel mecanismo poético”.

Para Daniel Veronese, esta obra es muy particular por ser una de las pocas comedias dramáticas que escribió Miller. “Pero aún así muestra, como en anteriores trabajos, su preocupación por los mandatos sociales. Es una crítica afilada a los valores conservadores que terminan manejando nuestras vidas. Un alegato contra el puritanismo, contra la rigidez que la sociedad -occidental sobre todo- arrastra como valores rescatables y defendibles. Nos enfrenta de una manera inteligentísima a las pautas sociales dadas como válidas, con los que tenemos que convivir día a día. A mi humilde entender es un Miller auténtico”, señala el director, quien también realizó la adaptación. “Convengamos que es una obra que presenta muchas variantes de lo real o de lo que el protagonista presenta como su realidad del momento. Ayudó mucho encontrarme con un grupo de trabajo fascinado con la obra”.

Claudio Tolcachir, quien a su vez realizó la adaptación de Todos eran…

para esta puesta, cree que la coincidencia del mismo autor en la escena local tiene que ver con el eje de la responsabilidad, que aquí y ahora, se resignifica. “El texto de Miller resuena más allá de la anécdota por todo lo que pasó en la historia, en todo el mundo, desde que él lo escribió. El tema de la memoria, de la justicia, de los roles, nos hace pensar: ¿qué es peor: un cómplice o un distraído? Nos muestra que no actuar también tiene sus consecuencias. No creo en lo casual. Cuando un tema o un autor resurge así, están hablando de algo”.

Según su productor, Daniel Grinbank, “siempre tuvimos fe en el proyecto. Se buscó que la puesta tuviera vigencia y dinámica también desde la actoralidad. Creo que el hecho de esta simultaneidad de sus obras provoca un efecto multiplicador muy interesante”.

Coincide con ese concepto Pablo Kompel, productor de El descenso … “Miller es un autor que nunca baja de cierto grado de inteligencia para analizar el comportamiento humano. En este caso, es un planteo casi existencialista el que realiza. Y funcionan ambas obras, cada una con su particularidad, porque uno, espectador, puede identificarse con los personajes. Es la magia de los grandes autores”.

Más allá de la anécdota, Buenos Aires tiene su propia historia con el autor estadounidense, que forma parte de la rica tradición teatral porteña. Y Kartun lo recuerda así: “ Tito Cossa, entre otros autores argentinos, menciona a Miller como el gran modelo, el tipo que les voló la peluca en los ‘50 mostrando una forma teatral distinta, gozosa y de notable capacidad comunicadora en lo ideológico. Si pensamos que la escritura de Cossa tuvo luego, a partir de los ‘60, tantos epígonos habría que considerarlo a Miller, acá, como el abuelo de unos cuantos”.

Ver nota: Clarín – 10 de Junio de 2010

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“El descenso del Monte Morgan” en el Metropolitan

“El descenso del Monte Morgan” del aclamado autor norteamericano Arthur Miller, se estrenará en el Teatro Metropolitan.

El Descenso del Monte Morgan

Teatro Metropolitan
Elenco: Oscar Martínez, Carola Reyna, Eleonora Wexler, Ernesto Claudio, Malena Figó y Gabriela Ferrero.
Dirección: Daniel Veronese
Producción general: Pablo Kompel y Sebastián Blutrach.

Ver nota: CScomunicarte – 29 de Abril de 2010

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