“El mejor modo de aprender es haciendo” Entrevista a Juan Leyrado

La obra teatral, que cuenta con dirección de Javier Daulte y reúne el mismo elenco de Baraka, se basa en una historia real: un grupo de mineros ingleses toma un curso con el objetivo de iniciarse en las teorías de la apreciación artística, sin imaginar las consecuencias.

La obra del británico Lee Hall (guionista del film Billy Elliot) acaba de subir a escena en el Teatro Metropolitan (Corrientes 1343), bajo la dirección de Javier Daulte, también autor de la versión del texto original, entrenado en Broadway el año pasado. La puesta del director reúne al mismo elenco de la exitosa Baraka: Juan Leyrado, Hugo Arana, Darío Grandinetti y Jorge Marrale, esta vez acompañados por Milagros Almeida, Patricia Echegoyen y Juan Grandinetti. Mineros. El arte puede ser para todos se basa en una historia real: un grupo de mineros de la ciudad inglesa de Ashington toma un curso con el objetivo de iniciarse en las teorías de la apreciación artística, sin imaginar que terminarían convertidos en artistas plásticos reconocidos. El hecho sucedió en la década del ’30, cuando un grupo de mineros decidió, por intermedio de la Asociación para la Educación de los Trabajadores, tomar un curso sobre arte. “Queremos ver una pintura y saber qué significa”, demandan a su profesor los personajes de la obra.

Leyrado tiene, en relación con el tema principal de la pieza, una experiencia personal. Durante algunos años formó parte de los talleres de pintura de Juan Doffo: “Yo no sabía pintar –cuenta en la entrevista con Página/12– y, cuando empecé, quedé fascinado no solamente con el hecho mismo de pintar sino también de lo que conseguía hacer. Pero cuando empecé a tener alguna idea de la técnica, de la teoría, yo sentí que algo de mi esencia se había cortado”. De este modo, Leyrado pone de relieve la diferencia entre el placer que la expresión artística puede deparar a todos, sin diferencias, y el rigor que demanda el aprendizaje de la técnica o el trabajo intelectual que supone la elaboración de una propuesta plástica. La contradicción aparece, como ocurre en la obra, cuando galerías y marchands ponen su atención en la obra de aquellos que sólo buscan expresarse e intentan negociar con ellos.

–¿Cuál es el punto de arranque de esta obra que sostiene que el arte puede ser para todos?

–La obra se basa en un hecho real ocurrido en los años ’30: el sindicato de mineros alentaba a los trabajadores a tomar diversos cursos. Harry, mi personaje –un ex minero marxista– quiere, en realidad, tomar un curso de economía, pero no se encuentran profesores. En cambio, reciben a Lyon (Marrale), un profesor que viene de Londres, con gran preparación.

–¿Por qué los alumnos no aceptan su propuesta?

–La verdad es que ellos mismos no saben bien qué es lo que quieren. Entonces el profesor propone a sus alumnos que la mejor manera de aprender es haciendo, ingresar al mundo de la pintura, pintando. Yo, personalmente, tengo la misma posición.

–¿El arte es, efectivamente, para todos?

–Sí, todos deberíamos tener la posibilidad de expresarnos, tendría que ser un derecho innegable. Pero esto siempre ha sido impedido por una sociedad que no da lugar a todos para expresarse. Es cierto que el lugar podría hacérselo cada uno, pero es difícil superar lo que ya está instituido: el artista sale de la academia.

–¿En todas las artes pasa lo mismo?

–El mundo de la pintura es diferente al de la música: hay muchos músicos nuestros que han sido de extracción popular. En cambio, la pintura que ocupa los grandes salones sale de las academias. Las clases trabajadoras no tienen contacto con ese mundo, porque no existe una tradición cultural que le haga comprender que todos pueden expresarse en la pintura.

–¿Hay contradicción entre libertad y técnica?

–No creo que para expresarse haya que saber pintar: el resultado, en todo caso, lo completa el que mira la obra. Pero el mercado es otra cosa diferente a la expresión. Los críticos son los que dicen si una obra es buena o mala para ser vendida. En la obra, también los personajes entran en contacto con el mundo snob de las galerías. Ellos crean a partir de sí mismos, de su propia esencia, sin prejuicios.

–¿Cómo es Harry, su personaje?

–Es un hombre que se ampara en el discurso político, repite, recita la teoría. Es la práctica artística lo que permite que él pueda humanizar sus ideas y salir de ese encierro dogmático.

–¿Qué observaciones le merecen los otros personajes?

–La obra es un cuento que integra música, proyecciones, una gran escenografía. No pone de relieve el planteo de cada personaje –el del profesor (Marrale), el sindicalista (Arana) o el mío, el marxista–, sino que cuenta la conmovedora historia de unos mineros que salen a la superficie no solamente manchados de carbón sino también de pintura.

–Son personajes diferentes a los de Baraka…

–Sí porque en Baraka eran amigos que, a pesar de que se traicionan, elegían estar juntos. Estos mineros son una familia: individuos que no se eligen, que se cuidan mutuamente para sobrevivir.

* Mineros. El arte puede ser para todos Teatro Metropolitan (Corrientes 1343) miércoles, jueves y domingos a las 21, viernes a las 21.30 y sábados a las 20.15 y 22.45.

Fuente:  Página 12

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Juan Rodó: “A veces me miran como si fuera un semidios”

A partir de hoy y durante siete funciones por semana, el cantante y actor se pondrá en la piel del mago Merlín en Excalibur, la nueva megaproducción de Cibrián-Mahler. “Es un personaje de fantasía pero con mucho humor”, revela. 

Aunque Juan Rodó puede caminar por la calle y pasar inadvertido entre la gente, cada vez que está en el escenario las miradas del público se fijan, siempre, sobre él. El protagonista de Los Miserables, Las mil y una noches, Otelo y la infalible Drácula vive la dualidad de ser casi un desconocido para el universo de la fama y los mediáticos y un semidios para sus fieles seguidores, que lo acompañan desde hace más de 20 años.

–¿Qué te dice la gente?
–De todo. Frases como “verte me cambió la vida” o “en momentos de tristeza o enfermedad, escuchar tu voz me saca de este mundo”. Realmente uno no es consciente de lo que hace, yo hago lo que sé hacer y no mido lo que pasa con el público. Lo que sí me puedo dar cuenta es que a la gente le hace muchísimo bien y que se transporta, por el rato de la función, a otra realidad que a veces necesitamos. También me ha ocurrido muchas veces, que las personas no me pueden hablar: gente que me abraza y que está temblando, personas que me piden una foto y veo que tiemblan.

Pareciera que la fórmula de combinar música, texto y actuaciones en las comedias musicales siempre tiene como resultado un público apasionado. Esto es lo que vive desde hace más de 20 años la dupla de Pepe Cibrián y Ángel Mahler cuando estrenaron en 1991 Drácula y que, desde entonces, los volvió la dupla de director artístico y musical más importante del país. La mayoría de sus obras tuvieron a Juan Rodó como protagonista, el artista predilecto de la compañía. Hoy, buscarán reactivar la magia con el estreno de Excalibur, el musical más costoso de los directores y con el que apuestan a repetir la historia de éxito que generó Drácula.
Con Excalibur, una leyenda musical, Pepe Cibrián y Ángel Mahler decidieron lanzarse a lo majestuoso. La historia retoma el mito de las hazañas de Arturo (Emilio Yapor) para reconquistar la espada que le dará el derecho a reclamar su reino y cómo es guiado por el mago Merlín (Juan Rodó), que en esta versión no es un encantador viejito sino un poderoso y tierno guerrero. La puesta incluye un gran despliegue de efectos visuales y trucos de ilusionismo (ver números).

–¿Qué riesgos tiene esta puesta?
–Queremos buscar la excelencia en lo que hacemos. Siempre el desembarco en un estreno es un parto doloroso, pero al final es feliz. Uno espera que en el estreno salga todo bien, pero siempre hay un riesgo de falla, más en esta obra, donde hay más rubros que la complican. Por ejemplo, movimientos escenográficos no habituales, tenemos una escenografía fastuosa, de carros y de coordinación. El escenario es móvil y hay un tránsito bastante complicado para los maquinistas y para los actores. A esto, hay que sumarle trucos de ilusionismo, que pueden no salir. Además, tengo que cantar y el cantante es como un atleta, si se pasa de rosca, uno pierde el nivel de lucimiento vocal. Hay que tratar de balancear y descansar lo que más se pueda, pero tengo mucho desgaste. Cantar estas piezas es muy difícil, a cada rato estoy al borde del accidente. Yo ya sé que es así, en todas las obras me ha pasado y este es mi protagónico número 12.
–¿Qué es lo que te pone más nervioso?
–El estreno es un momento de ansiedad y de sufrimiento. Con los años, me voy poniendo más nervioso. A medida que gano experiencia, siento que el público espera más de mí. Eso presiona y me crea una sensación de nerviosismo, que hace que uno esté alerta en todo. Pero lo que yo quiero destacar, más allá de toda esta parafernalia, es que Pepe ayuda a crear la magia en la actuación y eso es lo que hace que el público quede cautivado. Lo otro –los trucos, los efectos visuales– por supuesto que suman y es muy lindo de ver, pero Pepe confía en su texto, confía en los actores  y en la dirección.
Juan Rodó conversa con Tiempo Argentino en la escalera del Teatro Astral, rodeado de pedazos de escenografía que todavía no se colocaron y se guardan en el hall del teatro. Se pueden ver las cúpulas de un castillo, un banco y varios cajones. Un rato antes de empezar la entrevista, un problema con la técnica casi hace estallar los nervios de Pepe Cibrián y tuvieron que repetir varias veces una escena. Ese día ningún actor podrá abandonar los ensayos antes de las 2 de la madrugada.

–¿Qué es lo que más te gusta del trabajo de Pepe Cibrián?
–Los ensayos con Pepe son una perla, son momentos muy felices, él trabaja con los actores con pasión y creatividad. Es un momento que no se da con ningún director que yo conozca: esa pasión que él pone en el actor, en la persona, para lograr lo mejor de sí, es único. Pepe se preocupó por darme los mejores momentos de lucimiento y de verdad busca que yo esté en el mejor nivel. Ese cuidado no lo tiene nadie. Y además nos miramos y nos entendemos al instante. Esa química nos caracteriza.
–¿Este es el personaje más distinto que te toca interpretar?
–Esta es una actuación totalmente novedosa y un rol completamente distinto a todos los que he encarnado. Más allá de que Merlín es un mago y un personaje de fantasía, también tiene mucho humor, momentos disparatados, delirados. La gente no espera eso de mí, no espera ese tipo de actuación. No sé si de cómico, porque no lo es, pero sí es un personaje de comedia. Creo que va a causar mucha sorpresa. Me gusta romper estructuras y que la gente pueda ver otra faceta de Juan. Pepe tiene mucho humor, yo me prendí a las bromas y agregamos más gags. No sabía que podía explotar tanto ese costado cómico. Es un personaje que está en un nivel de locura, de genialidad y de sabiduría. Fue un gran descubrimiento.
–¿Qué pasa si no salen los trucos de magia?
–Los trucos de magia son un elemento de preocupación, porque no soy mago y tengo que aprender a serlo. Pero por lo que aprendí, los magos tienen mucho de actor, gran parte del truco de magia es creerlo y hacer que lo crean, todo pasa por la actitud de cómo uno lo hace. Por ahí el truco es una pavada, pero la manera en que uno lo presenta es lo que crea la magia. Pero a esto hay que sumarle que mientras hago un truco, tengo que cantar, actuar y manejar muchos factores al mismo tiempo. Excalibur tiene un final muy emotivo. Una apuesta muy sensible, que me entusiasma mucho. Está el mensaje del maestro, o del padre, que cumple su misión de llevar a este hijo, o su discípulo, a que logre ser rey. Creo que ese es el momento más emotivo de todos. Y se logra con una música increíble y la combinación con el actor lo hace una mixtura explosiva. Además, la actuación hablada ha adquirido mucha más potencia y le permitió a mi personaje llevarla al extremo del delirio.
–Dicen que en las comedias musicales, las canciones llegan cuando las palabras no alcanzan. ¿Qué opinás?
–Creo que el lenguaje de la música es el más universal. Tiene una llegada directa al ser humano, a la sensibilidad, libre de lo racional. Un gran cantante es más admirado que un gran actor. Esto lo digo en base a mi experiencia, la gente vincula al cantante con lo sublime, alcanza una esfera que es especial. Y el público, después de ver nuestras obras, sale extasiado, como si hubiese sido hipnotizada por un momento. Es un fenómeno raro: a veces veo la cara con la que me miran como si fuera un semidios. Y no lo soy.

Fuente: Tiempo Argentino

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Un muchacho que se multiplica

Si hay un rostro que se repitió constantemente en los musicales de los últimos años es el de Adrián Scaramella. Actor, bailarín, cantante… siempre se destacó hasta en los papeles más pequeños. El resultado fue que el año pasado fue nominado como revelación al Premio ACE y tuvo tres nominaciones al Premio Hugo al Teatro Musical (del cual ganó uno, a la mejor interpretación en ensamble, por Boccato di cardinale). Es que sólo en la última temporada trabajó enBoccato… Sweeney Todd Judy.

Precisamente, la semana pasada Adrián Scaramella volvió a escena, como uno de los seis protagonistas de Judy, un homenaje a Judy Garland , music hall que se presenta en el Maipo Kabaret todos los martes. Con sólo veinticinco años, su presencia ya se hace notar en los escenarios porteños.

Dice que cuando era chico, en vez de jugar a la pelota o juntarse con sus amigos, prefería quedarse mirando documentales en la tele o leyendo. “En mi casa había de esos diccionarios con fotos y me encantaba leerlos; con eso me entretenía. Era muy freeky, claramente”, afirma. Y aunque no proviene de una familia de artistas, es fácil ver que el arte es parte de su vida. Vive en una casa añosa, con muebles antiguos que él mismo compraba desde su adolescencia para restaurarlos, pensando en el día en que viviría solo. En las paredes de su living, cuelgan unos cuadros que él mismo diseñó y que, en lugar de estar pintados con pasteles u óleos, están hechos con cintas de los ya olvidados casetes de música. Entre lo viejo y lo original, se mezclan muñecos de los personajes de Disney, que compró en un viaje a los parques de atracciones de Orlando donde, según sus propias palabras, volvió a ser “un chico de cuatro años”.

Estudió danza clásica, jazz, tap e hizo teatro. Su registro es tenor, “así agudito, como me escuchás”, se ríe. Hasta poco antes de terminar el secundario, el chico de Villa Bosch nunca había imaginado que su vida transcurriría en los escenarios.

La primera comedia musical que vio en su vida fue La Bella y la Bestia ; había ido con su madre a ver en vivo lo que ya había disfrutado en el cine y lo había maravillado. “Iba a ver la película de Disney”, cuenta.

Tiempo más tarde, no recuerda por qué, fue a ver Chicago ; tanto le gustó que con una vez no le bastó. “Fui dos veces, las dos al mismo lugar: fila uno asientos dos y cuatro; tengo los tickets guardados”, dice, entre risas, como sorprendido de sí mismo.

Cuando terminó el secundario, se inscribió en abogacía, junto con su mejor amiga. Pero, al mismo tiempo, se anotó en la escuela de Noemí Coelho y Rodolfo Olguín, en donde podía aprender comedia musical, danza, teatro, canto. “Mi amiga después me llamaba y me contaba que tomaban lista en la facultad durante meses y ella se reía porque yo no había aparecido nunca. Pero era abogacía o estudiar esto, y me lo tomé como una carrera porque estudiaba todos los días cinco o seis horas”, cuenta.

Podría decirse que su vocación se despertó con Chicago . “Estaba sentado ahí, y me dije: «No sé qué es, pero quiero hacer esto». Fue en 2001; ahí empecé a interesarme y a buscar qué era, y me anoté. Empecé a estudiar con Rodolfo Olguín, Elizabeth Chapeaurouge, Sebastián Masoni, Mirta Orrubalichi; son gente muy importante, genios, maestros literalmente”, afirma.

En seguida recuerda que, sentado en primera fila, podía sentir el perfume que usaban Sandra Guida y Rodolfo Valss cada vez que salían al escenario. Años después, la vida los unió y trabajaron juntos; Guida y Valss usaban el mismo perfume y él les contaba que ese olor le había quedado grabado en su memoria.

“Lo más loco de esta carrera es que, de repente, mucha gente que admiro mucho se cruza en mi camino trabajando. Me hago amigo de gente que jamás pensé que iba a conocer”, dice el intérprete, dejando entrever con sus palabras una enorme humildad.

Para él fue muy importante para su carrera el apoyo de sus padres, desde el principio. “Mi papá me dijo, literal: «Mientras que no te quedes durmiendo hasta las doce del mediodía, hacé lo que quieras». Lo que me quería decir era que me dedique a lo que quiera, pero que le ponga fuerza y lo logre. No es fácil que cualquier padre te pague clases de canto, de danza, de teatro; jamás tuve becas de nada, yo se lo agradezco. Ahora él y mi mamá están felices, porque ven los resultados. Ven que soy un pibe que trabaja, que me llevo bien con la gente, que sigo creciendo, y eso es lo que a mí también me hace sentir bien.”

Pasó por todo. Desde ser un “Susano” a trabajar en publicidades, participar en ficciones, cortometrajes e interpretar papeles en obras de texto y musicales. Mientras trabaja, sigue estudiando con los mejores. Entre sus muchos maestros se encuentran Julio Chávez, Valeria Grossi, Mirtha Arrua Lichi, Diego Bros… y sigue la lista.

Mientras hace Judy? se prepara para el estreno de Mamma Mía! en el Opera City, de cuyo elenco será parte. “Empecé a trabajar y nunca paré. Siempre estoy buscando mi lugar, tratando de crecer, de aprender”, asegura el actor, y se le iluminan los ojos.

PERFIL

Trabajos realizados

  • Teatro: Buenos Aires tap La flauta magica Pasion bohemia Ella Rent Eva Gata flora ,Caravan Pour la gallery La parka Sweeney Todd Boccato di cardinale El pasajero El burguEs gentilhombre Judy mamma mia!
  • Televisión: Frustrados en Baires Showmatch Susana Gimenez Casi angeles Bella y bestia Jake and Blake, Los unicos .

Fuente: La Nación

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Dos viejos conocidos que vuelven a escena

Encarnan a una ex pareja en Vidas privadas

Miguel Angel Rodríguez le grita a Georgina Barbarossa que se apure. Sentado en un sillón blanco, desde el living de la escenografía de Vidas privadas , la actriz le responde que se está retocando el maquillaje en el camarín. Juntos se preparan para debutar en una comedia de Noël Coward, dirigidos por José María Muscari. El insiste y ella sube el tono de voz. “¿No parecemos marido y mujer de verdad?”, pregunta el actor.

No es la primera vez que trabajan juntos. Lo hicieron en el exitazo que fue Son amores , en TV, y en La vida debida , de Ismael “Paco” Hasse, en teatro. En esta obra que se estrena hoy, les darán vida a una mujer y un hombre que están divorciados desde hace cinco años. Vuelven a casarse, esta vez con parejas más jóvenes, y en la noche de su luna de miel en un lujoso hotel descubren que en la habitación contigua se aloja su ex.

“Es un Coward bien clásico, pero adaptado por Muscari, quien le dio al texto atemporalidad, loaggiornó , y creó una puesta con ritmo y vértigo. El escenario de esta sala es chico, pero suceden tantas cosas, que se desborda la acción”, dice Barbarossa. “Se nota la experiencia de Muscari. Es básicamente un director. Se dedica primero a la puesta. Durante diez días da lo mismo que sepas o no tus líneas. Después mueve sus piolines y da sus pinceladas, y ahí marca su estilo. Tiene los genes de un realizador de hace 40 años, cuando en realidad?”, explica Rodríguez hasta que la actriz lo interrumpe y empiezan a discutir y a intercambiar sus opiniones. Otra vez preguntan si no parecen que fuesen realmente un matrimonio.

También participan de esta obra dos íconos de la sensualidad: María Fernanda Callejón y Christian Sancho.

Escrita en la década del 30 del siglo XX, Broadway también tiene por estos días en cartel su versión de esta comedia, protagonizada por Kim Cattrall, la actriz que le dio vida a la salvaje Samantha en Sex and the City. Coward parece estar más vigente que nunca. Otra de sus piezas, Mix, dirigida por Santiago Doria, se presenta en el Multiteatro con Telma Biral, Nora Cárpena, Andrés Perciavalle, Linda Peretz y elenco.

LOCURAS DE AMOR

“El amor es el denominador común en la vida y en esta historia en particular se ve muy bien. Esta comedia les habla a todas las generaciones”, cuenta Barbarossa, quien dice que en su vida también ha cometido disparates, en nombre de la pasión, de los cuales no se arrepiente.

“Lo fantástico de esta obra es que pasa por todos los matices. Hay momentos donde los personajes discuten; otros muy intensos y románticos donde se encuentran. No quiero contar mucho, pero la gente se va a sorprender”, dice Rodríguez.

Este año también se podrá a ver a Barbarossa y a Rodríguez en la TV. Ella será Isabel (“una especie de Catita”) en Dulce amor, la nueva novela de Telefé, que comenzará el lunes próximo, a las 22.30, en la que interpretará a la mamá de Sebastián Estevanez. “Lo gracioso es que durante el día soy una mujer de medio pelo, me pongo ropa muy divertida, bien de barrio. Y de noche, vengo al teatro, y soy la glamourosa Amanda, en Saint-Tropez, y uso el vestuario que diseñó Pablo Battaglia”, cuenta la actriz. Rodríguez protagonizará Qitapenas, también por Telefé, con elenco por confirmar, pero se rumorea que Silvia Kutika, Natalia Lobo, María Concepción César y Jean-Pierre Noher serían de la partida. Esta ficción contará la historia de una familia que tras sufrir una debacle económica ingresa en un reality show, en el que además deberán cantar para obtener el premio mayor.

Para Barbarossa la química con Rodríguez es muy fuerte. “A veces, sobre el escenario me dirige con los ojos.” “Esta pareja rinde, garpa. Es un molde muy interesante el que armó Muscari con esta dupla. Creo que somos muy creíbles”, concluye Rodríguez..

PARA AGENDAR
Vidas privadas , de Nöel Coward, dirigida por José María Muscari. Miércoles, jueves y domingos, a las 21; los sábados, a las 20.30 y 22.30. Teatro Picadilly, Corrientes 1525.

Fuente: La Nación

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Betiana Blum recorre la Costa con “Más liviano que el aire”

La actriz Betiana Blum disfruta de un presente en plenitud que mientras la hace permanecer en TV como parte del elenco de la tira “Herederos de una venganza” (El Trece) la tiene haciendo teatro por la costa argentina con “Más liviano que el aire”, una obra a la que definió como “fascinante” porque, sostuvo, “revela al ser humano en dimensiones inimaginables”

Metida en la piel de Lita, una mujer de 93 años que asume en la pieza, Blum señaló en una entrevista con Télam que “podría pensarse que en la vejez uno está sentado esperando la muerte, pero en verdad el ser humano tiene una necesidad de amor que nunca cesa”.

El amor es el sentimiento que acaba aflorando en el libro de Federico Jeanmaire (ganador del Premio Clarín de novela 2009) y que en la versión teatral dirigida por Gabriela Izcovich exhibe como la anciana mantiene encerrado en al baño de su casa a un joven ladrón (Eduardo Carrera) que quiso asaltarla.

Mientras resiste los embates del muchacho que quiere liberarse y decide no llamar a la policía, Lita le avisa a quien quiso robarle que lo dejará salir cuando termine de contarle la historia de Delita, su madre muerta casi un siglo atrás.

“En `Más liviano que el aire` se produce una confrontación que pasa de la simple anécdota de un asalto entre una vieja acomodada pero sola y un adolescente de una villa porque los dos, por distintos motivos, están caídos de la sociedad”, subrayó.

Con la misma pasión que disimula el trajinar de una propuesta que desde mediados del año último hizo una exitosa temporada en el Regina/TSU porteño, insistió que la obra “combina el humor negro, la comicidad y momentos conmovedores para referirse a todo lo que la sociedad va descartando”.

Haciendo un balance de estos meses de “Más liviano que el aire”, comentó que “me metí en un brete pero no quise hacer un unipersonal porque esto es teatro y aunque muchas de las cosas que ocurren están generadas en la cabeza de la mujer, de ningún modo quería que la gente pensara que esta vieja está loca e imagina la situación por la que atraviesa”.

La pieza se ofrece todos los miércoles a las 21.30 en la sala Roberto J. Payró del Auditórium de Mar del Plata, pero además gira por otros teatros de la costa atlántica de acuerdo a una grilla que mañana la tendrá en Villa Gesell, el viernes 20 en San Bernardo, el sábado 21 en Miramar, el domingo 22 en Santa Teresita, el viernes 27 en Monte Hermoso y el sábado 28 en Necochea.

“Me interesó mucho poder hacer estas presentaciones porque se trata de una gran obra y porque me permite encontrarme con público del todo el país que por ahí me sigue por la televisión y que puede venir al teatro pagando entradas más accesibles que las de la Capital”, aseguró.

La legión de seguidores de la trayectoria de Blum seguramente tiene que ver con una incesante labor televisiva que en los últimos años la integró a títulos emblema de Pol-ka y El Trece como “Valientes”, “Para vestir santos” y, actualmente, “Herederos de una venganza”.

Consultada acerca del presente del culebrón encabezado por Luciano Castro y Romina Gaetani, donde asume a Delicias Leiva, madre de Mercedes (Gaetani), resaltó que “la verdad es que el guión (de Leandro Calderone) es una maravilla porque se las ingenia para seguir dando vueltas de tuerca y creando situaciones interesantes”.

Además de la historia, Betiana destacó que el suceso de la telenovela que debutó el 17 de enero de 2011 y fue uno de los bastiones del gran año de la emisora en materia de rating, contó con “un equipo de actores muy bien equilibrado por Pol-ka”.

Marcela Kloosterboer, Federico Amador, Benjamín Vicuña, Leonor Benedetto, Rodolfo Ranni y Antonio Grimau son parte del staff central del programa que terminó de grabarse el 30 de noviembre y tendrá aire hasta mediados de febrero.

Vislumbrando el año profesional en curso, la actriz nacida en la localidad chaqueña de Charata, deslizó que “tengo propuestas muy buenas para teatro y televisión, pero voy paso a paso en la vida”.

“Yo hago un paso y después veo porque eso es lo más humano y lo más real. Hacer planes, en cambio, es lo más fácil para después frustrarse”, formuló quien en cine brilló en títulos como “Esperando la carroza”, “Bajo bandera” y “El mar de Lucas”.

La también protagonista de sucesos teatrales de la talla de “El hombre inesperado”, “Camino negro”, “Filomena Marturano”, “Un guapo del 900” y “Porteñas”, avisó que “lo que me encanta hacer es la comedia dramática”.

“A mí me enganchan las propuestas -confesó- que tienen la cuerda más amplia, algo más cercano a la vida que está llena tanto de lágrimas como de sonrisas”.

Fuente: Telam
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Poesía y asombro

“Excalibur, una leyenda musical”. La comedia de Cibrián y Mahler no tiene nada que envidiarle a las del Primer Mundo.

Ahogado, como si se le hubiera atragantado ese aplauso con ruido a tormenta, Pepe Cibrián hizo del final de la función deExcalibur, una leyenda musical (en el Astral) otra función. Provocaba al público con un monólogo en inglés, que remató en chiste: “Ah, cierto, no estamos en Broadway. ¡Me cansé de las palabras coach, casting. Nuestro idioma es hermoso, usemos nuestras palabras!”. Junto a Angel Mahler se despachó con la puesta más ambiciosa de su historia. Dejó sabor a primer mundo y la sensación de que es posible escapar de este mundo por un rato para perderse en uno que duela menos.

Perder para aprender a recuperar. Entender que en la pérdida está la ganancia. Sobre esa sustanciosa metáfora trabajó la dupla. Rodearon el cuentito de la parafernalia necesaria para abstraer al público: cualquiera podría creerse sentado en una butaca de Broadway. Pero los millones invertidos no consiguen solapar el encanto mayor y el más sencillo: la sangre de Juan Rodó y de un elenco que deja las vísceras en escena.

La historia se sustenta en la leyenda del Rey Arturo y su espada, tópico de enésimas versiones cinematográficas y teatrales. En la versión de Cibrián-Mahler hay licencias entrañables y humor. Arturo es Emilio Yapor, de 25 años (y apenas un pasado actoral en Drácula ), un joven al que el rol le calza con justicia.

El Mago Merlín es Rodó, el fetiche de la dupla, quien tuvo el desafío ésta vez de una pieza teatral que no es sólo cantada. Su mago Merlín dista del estereotipo de anciano de cabellos largos. Este tiene vitalidad y gracia e insta a Arturo a “un viaje” que puede ser el de cualquiera: muerto su padre, deberá aprender a hacer del barro su camino. El amor de Arturo recae en las espaldas deGuinevere (Luna Pérez Lening, quien a los 17 años será desconocida en términos populares, pero ganó la confianza de Cibrián después de su firmeza en Drácula ). Su modo angelical colabora con su personaje principesco y logra estremecer a través de su voz. Candela Cibrián es la despiada Morgana, otra que ya mostró su talento en Drácula .

En dos horas y media, los ojos reciben estímulo constante: que los trajes (más de 200), que la revolución de las luces, que la cuota de ilusionismo (personajes que, literalmente, se elevan o esfuman), que el cambio constante de escenografías. Podría jugar en contra el exceso de asombro a fines de la historia, y sin embargo no le hacen perder foco ni esencia. Uno entiende que esa intención de hacer creer en los sueños está en primer lugar. “Si eres capaz de pedirlo, eres capaz de soportarlo. Si eres capaz de imaginarlo, lo puedes hacer real. Si eres capaz de tanto, eres capaz de más”, se escucha a los personajes. Y la catarata poética sigue.

“Elena Roger tuvo que irse y hacerse conocida afuera para que acá la escucharan”, advertía encendido Cibrián en su monólogo post-estreno. “Puedo decir lo que se me cante porque soy ciudadano ilustre”, advertía y se comparaba, por torrente verbal, a Enrique Pinti, presente en la sala (y ovacionado). Pero Cibrián no es Pinti. Habla intensamente y en velocidad, pero prefiere hacer hablar a los otros a través de sus cuerpos. Y los cuerpos de Excalibur hablan de soñar sin dormir. Aquí, también, podemos hacerlo.

Fuente: Clarín

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“La gente acepta ponerse las vendas”

Conocidos como el primer grupo de teatro sensorial, la compañía AviTantes presenta la novena temporada de este espectáculo, una puesta que ya vieron 28 mil personas atraídas por un recorrido a ciegas.

La obra Ojos cerrados logra activar con fuerza sentidos como el gusto, el olfato y el oído, y despierta la conciencia a mundos internos desconocidos y sutiles. Con once artistas en escena y la condición para el espectador de que debe entrar a escena con los ojos vendados y confiar en los actores que lo guían hasta el asiento, el espectáculo fue creciendo con convocatoria gracias a las experiencias que cuentan quienes atraviesan este camino perceptivo.
“Los comentarios de la gente son muy profundos. Trabajamos con el amor, esa es la devolución que tenemos de la gente; nos dicen que se sintieron cuidados y queridos. Hay un enorme gesto de confianza por parte del público al aceptar ponerse las vendas. Enseguida hablan de las vivencias y de los sentimientos con los que se conectan. En una época donde todos desconfían de todos, dónde estás buscando por dónde te pueden traicionar, que la gente se anime a participar de un espectáculo en el cual le vendan los ojos y tienen que confiar en un desconocido es muy importante”, cuenta Maisa Pereira, una de las integrantes.
La experiencia para quienes eligen anular el sentido de la vista, para priorizar los otros tiene sus requisitos. El público debe ingresar de a uno, con las vendas puestas y guiado por uno de los actores. “Una vez que está todo el público sentado, comenzamos a trabajar con todos nuestros elementos. Hay mucha música en vivo y también trabajamos con aromas, texturas. Se despierta el sentido de la percepción. Se van atravesando distintos mundos sensoriales. En nuestras obras no hay texto. No hay una historia. Lo que planteamos es un armado estético. Se trabaja con los contrastes de luces y sombras. Enseguida se despiertan las emociones, es bastante inevitable para el público que conecten con las emociones”, explica.
El hecho de que sus espectáculos no planteen una línea discursiva ni busque contar una historia es uno de los puntos que los diferencia con el resto de las compañías de teatro que trabajan con la oscuridad. Pereira explica la diferencia: “Somos el primer grupo de teatro sensorial, porque nosotros surgimos de trabajar con la sensación, más que con la historia. No tenemos un contenido narrativo. Hay alguna palabra, pero que forma parte de un planteo estético más general. Trabajamos con la sensación, con el sentir. La gente misma nos hace una gran devolución sobre las cosas que les pasan con la obra, cosas que ni siquiera nosotros imaginamos que les podrían pasar. Si el espectador puede dejar la mente de lado, el viaje es ilimitado. Uno siente menos cuando piensa más.”

Fuente:  Tiempo Argentino

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Conflicto de una familia muy disfuncional

Este drama musical basado en un texto de Brian Yorkey cuenta la historia de una madre que no logra hacer el duelo por la muerte de su hijo, un padre que intenta negar y evitar recordar esa pérdida, y una hija que se siente totalmente incomprendida e invisibilizada.

Cada familia tiene su propia escala de valores y su estructura particular: no hay dos que sean iguales. Pero lo que tienen en común es que siempre la adversidad aparece y se manifiesta de distintas maneras, más o menos evidentes. Aunque el imaginario de la “familia normal” existe, la “normalidad” es sólo una ilusión. Sobre eso habla Casi normales, un drama musical del director Luis Romero, que se presentará en el Teatro Liceo (Rivadavia 1499) de martes a domingo. “Ser ‘casi normales’ es una buena frase porque rompe con los fantasmas. El mundo es neurótico, absolutamente violento, codicioso, está lleno de poder, es más bien ‘shakespeareano’. Frente a eso, lo que se busca es amortiguar y generar cierto equilibrio para poder vivir en relación con los demás y en paz”, argumenta Romero ante Página/12.

“El mundo en el que vivimos y el sistema económico capitalista exigen que seamos brillantes para sobrevivir –sigue la idea el director–. Entonces, para no quedarnos atrás en el impulso de sobrevivencia, metemos el acelerador, hasta que un día el estado mental se distorsiona y explotamos.” La puesta, que es una adaptación del texto de Brian Yorkey y se presentó en Broadway en 2008, cuenta la historia de una madre de familia (la protagonista principal) que no logra hacer el duelo por la pérdida de su hijo e intenta recomponerse haciendo tratamientos psiquiátricos que en lugar de reparar, generan más dolor; un padre que intenta negar y evitar recordar esa pérdida; y una hija que se siente totalmente incomprendida e invisibilizada.

La obra, que pone de manifiesto los conflictos de una familia disfuncional, en la que sus integrantes no logran comunicarse y vivir en armonía, genera, por momentos, que el espectador se sienta identificado con lo que sucede. Es una historia que habla de los sentimientos profundos de una madre que perdió a su hijo cuando tenía apenas un año y no logra aceptar esa realidad y seguir adelante. Mientras tanto, su marido, que la acompaña incondicionalmente, niega la situación e intenta creer y hacer creer que todo está bien. “Es principalmente una historia de amor que muestra cómo el ser humano, en el fondo de su corazón, se resiste a dejar morir aquello que ama. Y esa resistencia puede generar cualquier cosa, desde una ficción interna que se puede alimentar muchos años, hasta un estado de alteración mental extrema”, entiende Romero.

Clasificada como drama musical, Casi normales cuenta con un trabajo escenográfico llamativo y la presencia de una notable banda, dirigida por Tom Kilt, que conecta su música y acompaña en vivo las actuaciones de Laura Conforte, Alejandro Paker, Florencia Otero, Matías Mayer y Mariano Chiesa. “Las canciones han sido concebidas en relación absoluta con la situación en la cual se encuentran los personajes y rompen el esquema de la comedia musical –explica Romero–. Porque hay un entretejido en lo profundo de lo musical. La melodía y las letras se convierten en una especie de monólogo interno que manifiesta el personaje después de verlo metido en determinada situación. Y está hecho con una maestría y una rigurosa capacidad de visualización de los climas y las atmósferas.”

Frente a las adversidades que resiste este núcleo familiar, propone un fundamento psicológico: la soledad como un distanciamiento para la reflexión. “Hay algo que a mí me interesa y es que a veces, para no perder la cabeza, es necesario estar solo. La soledad implica una posibilidad de poder mirarse a sí mismo y encontrarse con uno. Y creo que generalmente hay muchas cosas que suman a la confusión y suman a la enfermedad y la hacen más grave. La soledad, bien entendida, genera un ajuste de la persona. Estar solo puede dar la posibilidad de hacer contacto directo con uno mismo, verse como uno es y aceptarse como tal.”

–¿Por qué consideró interesante romper con el imaginario social de la familia “normal” o “perfecta”?

–Me llamó mucho la atención que la obra se haya concebido en Estados Unidos. Me da la sensación de que es un síntoma, invita a abrir los ojos o despabilarse en el seno de la familia norteamericana tradicional, que en definitiva habla de una manera de vivir. Después de la caída de las Torres Gemelas la ingenuidad se evaporó. Y me resulta interesante ver que hay un autor que no ahonda de manera boba y superficial sobre ciertas cosas que tienen que ver con el dolor y otros problemas en el núcleo de la familia. Si bien es una familia tradicional y los integrantes tienen un buen sentido del humor sobre las cosas que les suceden, se puede inferir claramente que lo que emerge es que hay una profundidad en relación con los temas propios de los grandes dramaturgos.

–Más que representar a la familia norteamericana, es universal…

–Cuando una obra está bien escrita, si mirás con mucha atención empieza a suceder algo que trasciende las idiosincrasias, las costumbres, las formas. Y empezás a ver que el autor está haciendo que se manifieste algo que es común a la condición humana: el miedo, el dolor, la inseguridad, el miedo a la locura, el amor, el resentimiento.

–¿Qué implica para esta madre la pérdida de un hijo?

–La protagonista se aferra al hijo que se ha muerto. Y eso es lo que conmueve. El universo sólo tiene sentido si existe el amor. Y en un hijo podés percibir el verdadero amor, podés dar la vida por él. La obra justifica perfectamente que uno es capaz de hacer cualquier cosa por un hijo, desde encerrarse hasta abandonarse, volverse loco o drogarse hasta reventar. Si hablamos de un hijo, ¿cómo se hace para dejar morir ante la ternura, la inocencia, ante la cantidad de cosas que implica ese ser? Frente a una fatalidad, el estado mental puede alterarse y es lógico que se altere. No alterarse y poder hacer el duelo, creo que es una de las cosas más difíciles para la condición humana.

–¿Qué análisis hace del rol del padre que intenta hacer creer que todo está bien?

–Es interesante porque aparece un padre que es trabajador, que es absolutamente fiel, que ama a su esposa y que se cargó desde joven con la responsabilidad de estar siempre al lado de ella. Eso es lo que hace, aunque la actitud, como dice ella, sea patológica. Este hombre padece, adolece de conocimiento necesario y está un poco cansado porque hace dieciséis años que ella está así. Sin embargo, es fiel, honesto con ella, no la engaña, la quiere y la banca hasta el fin. Pero termina pagando el precio de un final inesperado.

Informe: María Luz Carmona.

Fuente: Página 12

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Mix

Texto: Versión de Fallen angels, de Noël coward / Intérpretes: Thelma Biral, Nora Carpena, Linda Peretz, Pablo Alarcón, Héctor Calori y Andrés Percivale / Música: Gaby Goldman / Escenografía: Rene Diviu / Vestuario: Silvia Picallo / Dirección: Santiago Doria /Duración: 80 minutos / Sala: Multiteatro.
Nuestra opinión: buena.

Con fuertes influencias de Oscar Wilde y George Bernard Shaw, Noël Coward volcó parte de su mirada dramatúrgica en forma de comedia de costumbres con una intención satírica: la denuncia de la sociedad burguesa inglesa por su inmoralidad e hipocresía, y lo hace tomando como personajes a matrimonios o parejas comprometidas para quienes la libertad individual, el desarrollo personal y la autoestima se oponen a las convenciones impuestas por la época de las primeras décadas del siglo XX.

Fallen angels , traducida inexplicablemente como Mix y reducida en su extensión, fue escrita en 1923 y estrenada en 1925. Podría argumentarse que en estos más de 80 años se siente el paso del tiempo, pero al ubicar las acciones en 1926, reafirmadas especialmente por el vestuario de esa época, adquiere un matiz de comedia blanca, quizás un tanto ingenua para este período actual, pero esto no sirve para descalificarla porque cumple con la función de entretener.

Con unos diálogos ingeniosos y al mismo tiempo incisivos, Coward, como si tuviera un filoso bisturí, va diseccionando la capa de hipocresía y falsedad para dejar al desnudo la vida de dos mujeres casadas, que, abatidas por la rutina matrimonial y aburridas por falta de desarrollo personal, se sienten sacudidas por la aparición de un amante que tuvieron en común en el período prematrimonial.

La fantasía e infidelidad mental de las dos mujeres va a dar lugar a una serie de equívocos que exponen sus verdaderas esencias y caracteres y una certera realidad: la pasión inicial, por el desgaste que provoca la convivencia matrimonial, queda reducida a un afecto también rutinario y falto de emociones. El cambio constante de vestuario es el aporte colorido de la puesta, con un juego de luces en las transiciones que agilizan los cambios de escenas.

Para dar vida a estas dos mujeres, Thelma Biral y Nora Cárpena se ven muy cómodas y dibujan con precisión a sus personajes, aunque utilicen un estilo de actuación muy subrayado para resaltar sus características, algo similar a lo que realiza Linda Peretz, en su papel de mucama.

En cuanto al rubro masculino, tanto Pablo Alarcón como Héctor Calori se ajustan a una marcación concisa para reflejar los temperamentos flemáticos de sus personajes. En tanto el aporte de Andrés Percivale viene a sumarse correctamente al juego de las situaciones.

La puesta de Santiago Doria apunta sobre todo a alcanzar una rigurosa dinámica que le permite obtener un ritmo apropiado de comedia..

Fuente: La Nación

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Pequeños enredos de la vida conyugal

“Vidas privadas”. Hoy se estrena esta comedia de Noël Coward, con dirección de Muscari.

Con Georgina Barbarossa y Miguel Angel Rodríguez en los papeles protagónicos, bajo la dirección de José María Muscari, hoy se estrena Vidas privadas , de Noël Coward, en el teatro Picadilly.

Esta comedia cuenta la historia del matrimonio entre Amanda (Barbarossa) y Fabio (Rodríguez). Al principio, la pareja parece ideal: ambos están profundamente enamorados. Pero la convivencia y el carácter de cada uno hacen que con el tiempo el vínculo empeore y todo termine en divorcio. Entonces rehacen sus vidas con dos jóvenes: casi simultáneamente, Amanda se casa con Guido (Christian Sancho) y Fabio, con Leticia (María Fernanda Callejón). Los enredos surgirán en la luna de miel, cuando las dos parejas se hospeden en el mismo hotel, en habitaciones conjuntas, sin saber de esta coincidencia.

Es la segunda obra de Noël Coward que está en cartel actualmente en Buenos Aires: la otra esMix (en el original, Fallen Angels ), con Nora Cárpena y Thelma Biral.

Vidas privadas ( Private Lives , en el original) se estrenó en 1930, pero mantiene su vigencia: estuvo en cartel en Londres durante 2010 y el año pasado se vio en Broadway, con Kim Cattrall y Paul Gross como protagonistas.

Fuente: Clarín Espectáculos

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